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A CADA PASO ME CRECE LA DISTANCIA
I
la distancia
es el estado de deterioro
de la conciencia.
la pandemia
que crece en las manos
para robar un poquito de esperanza
que nos devuelva el eco
la costumbre
de anquilosarnos una y otra vez
en la fiebre ajena.
ya no soy quien fui
con tanto diploma de honor
y aplauso
endecasílabo
escandalosamente público
en las calles
que nunca existieron
más allá de la frontera
II
la oscuridad
no se atrevió a rescatar
parte de la nostalgia
y sus nubarrones.
envejece en el olvido
se quita la túnica harapienta
el mal sabor de boca
su cansancio
para sepultar insomnios
a la espalda
donde no queda sombra
ni espantapájaros pulcro
que le ahuyente.
echa a volar
como gaviota
se pierde
hacia nuevas rutinas
mar adentro
III
cierta vez
llovieron mariposas
sobre la tierra verde.
me impusieron una medalla
con su carga comprometida
de singular patriotismo
y algunos besos
sin vocación de amante
para que no olvidara la lealtad a los soldados.
me equivoqué al hablar de bienvenidas
junto a la estación del vientre fecundado.
éramos tan horriblemente puros…
qué más da:
el antes y el ahora
es el mismo
indivisible
en la fría memoria de los muertos.
DEL LIBRO “DONDE TERMINA EL INFINITO”
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